Mis primeros lentes

 

Mis primeros lentes


Tengo ahora que recordar cuando a mis catorce años, por diversión, me puse los anteojos de mi mamá para “saber” qué se sentía ser viejo y usar esas cosas. Yo que estaba orgulloso de mi vista de águila, para mi la única posible dentro del despliegue de energía de mi plena adolescencia, tuve que sufrir la decepción de aceptar que con los anteojos ajenos podía ver mucho mejor y aunque me mareaban, derrumbaron por primera vez el mito de mi supuesta o imginada vista deáguila que tanto me enorgullecía.

Entonces comprendí el porqué de tantos desastres en el liceo, tantos estrafalarios errores enmatemáticas, tanta frustración jugando al futbol o al basquet. Si se suponía que yo por ser alto podia jugar. Pero es que no veía la pelota, entendí entonces. No percibía la distancia a la que se encontraba. Y ni hablar del béisbol...

Pero el crecer da, de todas maneras, inesperadas satisfacciones. La visita al especialista la superéacompañado de mi papá, que me llevó personalmente a la por entonces llamada Torre Construcción, para presentarme a su oculista, un médico experimentado y cerca de jubilarse. El diagnóstico fué algo asi como “carai, ya a tu edad necesitas unoslentes algo fuertes”. Con lo de la edad me había tocado un punto sensible.

El siguiente paso sí que fué decisivo y fué la verdadera experiencia del asunto. Recuerdo haberme puestouna camisa marrón a cuadros que consideraba elegante y digna de ocasiones serias. Recién bañado y conla fórmula óptica en el bolsillo, caminé acompañado del frescor de los árboles hasta el sector Campo Elías, donde se encontraba la óptica recomendada por el médico. Allí solo, por primera vez, iba a tener que ordenarme unos anteojos ydecidirme sin ayuda por un modelo de montura “que combinara con mi cara”. La pregunta, en realidad era: cómo se combina algo con la cara de uno? Hay algún manual para eso?

Esa misma pregunta, en un sin número de adaptaciones y grados de profundidad, me la he hecho y me la hago todavía, cuando ya pasé hace rato el punto medio de mi vida.

Para no alargar mas esto diré que la escogencia se vió determinada por un modelo común de los únicos lentes "masculinos" que yo conocía para entonces, los RayBan de mis hermanos. Me decidí por unos parecidos para que nada saliera mal y acepté la oferta del vendedor de colorearlos con algo de marrón para contrarrestar la luz del tròpico y de paso acercarme un poco mas al ideal RayBan.

Cuando recogì los lentes nuevos y los exibì en casa, mi familia me hizo sentir que habìa pasado la prueba. Prueba superada, pero nunca mas he podido vivir sin usar anteojos.

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